domingo, enero 21, 2007

No hablaban de lo mismo

No hablaban de lo mismo y se sabía desde el comienzo. ETA y su entorno (reconocido al fin todo él como organización terrorista por el Tribunal Supremo, incluídas las asociaciones juveniles) decidieron hablar con el gobierno, antes de declarar la tregua de marzo de 2006, sin retroceder un palmo en sus reivindicaciones históricas, es decir, sin renunciar a la autodeterminación, la territorialidad y la anexión de Navarra. Hoy la izquierda abertzale anuncia que es imposible una solución al conflicto sin autodeterminación del Pais Vasco. ¿Le habrá sorprendido esta declaración al gobierno de Zapatero? No debe, porque el gobierno conoce que esos son planteamientos del mundo radical vasco desde que comenzó a comeer atentados, hace cuarenta años. Y la banda también sabe que ni este ni otro gobierno en España podrá ceder a sus exigencias, y menos aún con violencia. La autodeterminación requeriría modificar la Constitución, abrir una puerta similar a los catalanes y desintegrar el Estado tal como está diseñado en la Carta Magna. La territorialidad de Euskal Herria es un concepto, nunca materializado geofísica ni políticamente, que tendría que contar con la aquiescencia de Francia por la parte del Pais Vasco de su territorio. Y lo de Navarra, aunque la Constitución de 1978 abre una puerta si los navarros quieren, no es algo que se pueda imponer desde Madrid salvo vocación suicida del gobierno de turno. Es decir, que ni ETA cedió en sus reclamaciones ni el gobierno podía acceder más allá de algunos gestos sobre los presos, porque todo lo demás es supertructura de leyes imposibles de mover sin un gran consenso, inviable desde todo punto. ¿Por qué ETA hizo el gesto? Para tomar oxígeno, probablemente. ¿Por qué Zapatero aceptó hablar, sabiendo que no iban a hablar de lo mismo? Porque el optimista antropològico que se autodefine Zapatero tiene un serio problema de percepción de la realidad y quizás creyó que lo que otros, más avezados y dotados que él (Suárez, Felipe González, Aznar) no consiguieron, lo conseguiría él. Y esta sociedad, tras cuarenta años largos de terrorismo, de más de 800 víctimas mortales y miles a las que truncó su proyecto de vida, necesita asirse a una esperanza para ver el fin de la violencia. Muchos sospechamos desde el principio que acaso se trataba de un nuevo espejismo, pero nos unimos a los otros en su fe necesaria. Pero sabíamos que estaban hablando de cosas distintas, de puntos irreconciliables. El único culpable es ETA, que es quien pone las bombas, por supuesto. Pero la ingenuidad de Zapatero tambien ha sido perniciosa, porque ha jugado temerariamente con la ilusión de todo un pais insinuando que sabía adiestrar a los alacranes. Y no era verdad. Pagará esta temeridad. Y respecto al terrorismo etarra, hagámonos el ánimo a la oscuridad del túnel. No queda otra, después del espejismo.

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