Me lo cuenta una fuente bien informada. En una de las primeras ocasiones en que el entonces ministro José Bono visitó a las tropas españolas en Afganistán, se entrevistó con algunos señores tribales de los que controlan el cultivo de plantas para la obtención de drogas en la zona.
-. ¿A cuánto venden ustedes un kilo de estas drogas en el mercado? ¿A tres mil euros..? Tengo un negocio que proponerles que es mejor y que no hace daño a las personas como la droga.
Les habló del azafrán como alternativa.
-. Un kilo de azafrán lo pueden ustedes vender por cinco mil euros, porque es un condimento apreciadísimo en la cocina... Miren, vamos a hacer una cosa. Yo les voy a enviar a unos expertos en el cultivo del azafrán, que se produce mucho por mi tierra, por Castilla-La Mancha...
Y así lo hizo. Pero cuando los afganos vieron de qué se trataba, no les mereció confianza el cambio de cultivo y declinaron la propuesta del ministro de Defensa español: juntar un kilo de azafrán, flor a flor, es una labor paciente, trabajosa y que requiere una extensión de cultivo muy superior al de la adormidera y otras condiciones de clima y de suelo. Pero su ofrecimiento iba completamente en serio. Inefable José Bono. Políticos de este modelo son rara avis. No caben en los moldes al uso.
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